Canción del Terruño
Emiro Arévalo Claro

LA NOVIA DE LOS MARES

Es mi Colombia tropical y hermosa
cuando se asoma al ventanal marino
y escucha enamorada, silenciosa
de sus amantes el cantar divino.

La eterna serenata de los mares
Colombia la recibe emocionada
con ritmo de célicos cantares
en la noche de estrellas tachonada.

Absorta con el canto lastimero
No piensa la novia en su llano altivo
ni en su montaña de esplendor severo.

Y en ese efluvio del amor cautivo
El Pacífico ruge:  Yo te quiero
y el Atlántico grita:  Por ti vivo.

AMERICA

De polo a polo es siempre sublime tu grandeza
No importa quien te encontró en la terráquea inmensidad,
Un inglés, un español sediento de riqueza,
Un cruel bucanero de singular voracidad.

Por historia fue inútil la célebre Conquista
Cuando eras un pueblo de vivir extraordinario
Que llevaba en su alma el sistema pacifista,
Hasta que apareció la inclemencia del corsario.

No dependes de nadie mi ¡América querida!
Como el mas notable y aguerrido continente
Vivirás independiente con pasión erguida.

Y en tu rico litoral bañado por dos mares
Demostrando al mundo tu valor omnipotente
Encontrarás el refugio de los Dioses Lares.


A LA PLAYA DE BELEN

Cuenta la tradición que mis mayores
con recia voluntad conquistadora,
iniciaron la obra redentora
cumpliendo su misión de genitores.

Suena el tapial con ruido de tambores
a las luces primeras de la aurora
y en paredes de alza cada hora
la tierra remojada con sudores.

Toca a su fin la épica jornada
cuando el techo sencillo construyeron
desafiando del tiempo la emboscada.

Y aquel modesto techo y sus paredes
convertidos en templo se ofrecieron
a la Virgen Celestial de las Mercedes.


LA PALMA DE VINO

Soberbia, corpulenta y soberana
extraña en la heredad de los Playeros
tu silueta ostentas cada mañana
con el trino marcial de los jilgueros.

Tu rutilante estampa es tan cimera
que formas en la altura un buen concierto;
jamás te imitará otra palmera
porque tu sombra no cabe en el desierto.

Con el mítico vino de tu seno
ofrendaron las vírgenes vestales
y fue el néctar de Sócrates heleno.

La historia de tu estirpe es un arcano
y ojalá reproduzcan los anales:
" El que un árbol sembró no vivió en vano ".