Centro de Historia de La Playa de Belén
 
 

 

La Playa de Belén años 50
Por LUIS JAVIER CLARO PEÑARANDA
Bogotá, febrero de 2016.
Correo: jupiterclaro@gmail.com

 

 
 


En el ejercicio de abordar los referentes de la Playa de Belén, en lo concerniente a la década de los cincuenta, del siglo pasado, sin titubear vemos que el cruce de tiempo nos suma un poco más de cinco décadas, escenario que inevitablemente conduce a escudriñar la memoria, acercando identidades, parajes, anécdotas y ciertos apegos que pueden suscitar melancolía. Más aún, cuando quienes hoy incursionamos en estos menesteres de escribir sobre el pasado, registramos en nuestro acervo un poco más de cincuenta años de habernos radicado en otros lugares.

Bajo múltiples circunstancias, la remembranza nos ubica en los años cincuenta de la Playa de Belén, donde los asuntos fundamentalmente trascurrían alrededor de la iglesia, como centro de devoción o de conciliación en lo espiritual. Como tan bien, en lo político, cayendo sin remilgues en lo sectario, que generó entre los mismos, algunas rencillas, propias de los fanatismos de la época, fundamentalmente en el primer quinquenio del periodo referenciado, entre seguidores de Laureano Gómez y del General Rojas Pinilla, posiblemente extendiendo aquella herencia pobre en el texto y en el contexto cultural de la región, y adjunto a ello, a un buen segmento de lospobladores los subyugaba el analfabetismo y la resignación, muy propio de esas épocas en que se compensaban todas esas carencias con el decir, de «Dios proveerá».

La labranza de la tierra era lo representativo en la economía del municipio, cuyos productos se comercializaban en el mercado de la ciudad de Ocaña, y un remanente de lo cosechado se colocaba en las tiendas, para atender la demanda requerida por la población de la localidad. Igualmente se contaba con un estupendo almacén de propiedad de la familia Pacheco Claro, que surtía lo relacionado con el vestido, y además, toda aquella vituallería necesaria para lo cotidiano de cada época y momento. Así mismo, la farmacia de Juan Guillermo Claro, la sastrería de Manuel Benjamín Claro, la talabartería de Luis Ortiz, la peluquería de Virgilio Ovallos y de Roberto Arenas, quien además de maniobrar las tijeras y la barbera, acondicionó en el mismo espacio su carpintería. Ya para mediados de los cincuenta, se rodaron con cierta intermitencia las primeras cintas a blanco y negro; entre ellas, películas mexicanas y aquellas de carruajes, jinetes, apaches, caballos, y búfalos, entre otros actos. Fundamentalmente escenas relacionadas con el exterminio de la fauna primitiva y de los nativos que habitaban esos ricos y bellos parajes, en la llamada conquista del Oeste de los Estados Unidos de América. "sala de cine" que funcionó con ciertas intermitencias, que en corto tiempo fue feneciendo hasta suspender para siempre los recreativos rodajes, mientras unos pocos, para el segundo quinquenio de esos años, soñaban en que sus hijos buscaran otros horizontes, ya en lo concerniente a la educación media y superior, o abriendo espacios en la actividad comercial que ofrecían para esas épocas, entre otras, las ciudades más próximas, como Ocaña, Barranquilla y Cúcuta. Todo este pensar, consecuente con la construcción del puente sobre el río Algodonal, en 1953, en una de las tantas gargantas del mencionado río, y de la ruptura del aislamiento de la provincia, con la construcción de la carretera de Ocaña a la población de Aguachica, que a pesar de lo que ha significado lo tortuoso de la cordillera, la obra transformo sustancialmente el tránsito, y por ende, el auge de la economía de la provincia.

Estas nuevas realidades permitieron superar los años aciagos de los finales de los cuarenta e inicios de los cincuenta, que abordarlos estremecen las más dormidas conciencias, gracias a la madurez de espíritu de unos cuantos, a la tranquilidad de juicio y a la sensatez de aquellos seres buenos y sabios, que a lo largo de los años han venido aportando su saber, construyendo diques de humanidad, que permitieron a lo largo y ancho del país superar la superstición, y amainar el fanatismos político y religioso de esas épocas.

Este ejercicio de hacer memoria escudriñando algunos pormenores del contexto de los años cincuenta, de La Playa de Belén, en aspectos que sugieren lo económico, lo geográfico y lo sociocultural, se abordó con suma sensatez, pues por convicción personal, no se ahondó en los ámbitos sensibles de lo político y lo religioso, sobre cuyos campos recae todo un acervo de fuertes contenidos, ya asimilados y superados con el paso de los años. La otra realidad tiene que ver con lo concerniente a las nuevas familias que habitan hoy mayoritariamente el casco urbano de La Playa de Belén, que a finales de los años sesenta fueron llegando paulatinamente, pues no es exagerado afirmar que la inmensa mayoría de los pobladores de hoy, corresponden a nuevas familias, provenientes fundamentalmente del entorno rural.

Para no perder la retentiva de las personas representativas de la Playa de Belén, de los años cincuenta, se hizo el ejercicio de compilar sus nombres, con el importante aporte de mi hermano Sigifredo. El listado se presenta indistintamente por cabezas de familia, tal como fueron surgiendo y reordenando, cuyos nombres y apellidos de algunos de ellos fue necesario confrontar. Sin embargo, mil disculpas por aquellos que se pudieron quedar sin referenciar, pues el ejercicio de recordar no dio más.

Ramón Ovallos Manzano y Santos Sepúlveda -Emeterio Claro y Agripina Ovallos Angarita (a pesar de que esta familia se radicara en la Ciudad de Ocaña a partir de 1945, sus hijos tuvieron un vínculo estrecho con La Playa de Belén, tanto en lo político como en lo social) - Benjamín Pérez - Sixto Ovallos Manzano y Josefa Arenas Claro - Emiliano Ovallos Manzano y Soledad Vega - Francisco Arévalo Claro y Juana de Dios Claro Bayona - Roberto Luna y Anita Vega - Francisco Velásquez Ovallos y Ana Dolores Claro - Luis Velásquez Ovallos y Trina - Eladio Claro Álvarez y Micaela Ovallos Manzano - Domingo Pérez y su hermana Amilbia Ibáñez Pérez -

Pedro de Jesús Claro Arévalo Y Margarita Torrado - Agapito Montaño - Jesús María Velásquez y Carmen María Arévalo - León Pérez y - Damián Claro y -Ramón David Velásquez Arévalo y Romelia Vega Arévalo - José Trinidad Claro Bayona y Guadalupe Velásquez Ovallos - Camilo Claro Bayona y Maximiliana Arévalo - Rodrigo Claro Arévalo y Faride Luna Torrado - Juan Neponuceno Claro Bayona y Rosa Torrado - Ramón Claro Bayona y Jovita Carrascal - Zoila Rosa Arévalo Claro - Raúl Arévalo y Tulia Hernández- Manuel Jesús Claro Arévalo y Faride Arévalo Claro - José Edilberto Arévalo Claro - Emiro Arévalo Claro y Clara Claro Ovallos - Emel Pérez Claro y Ana Élcida Sánchez - Félix Pérez - Nicolás Arévalo y Ana Delia Carrascal - Oscar Arévalo y Débora Silva - Francisco Peñaranda y Rosa Delia Arenas - Francisco Pérez y María del Rosario Arévalo Claro "Cuya" - Néstor Luna, Miguel Roberto Luna y Luis francisco Luna - José del Rosario Claro Ovallos y Elicenia Ojeda - Luis Enrique Claro Ovallos y Elida Ovallos Arenas - Rodolfo Pérez y Ramona Armesto - Jesús Ovallos Arenas y Nelly Ascanio - Roque Arenas - Julián arenas - Élfido Arenas - José Antonio y Luis Claro Ovallos- Senén Sánchez - Néstor Páez y Elida Ovallos Vega - Cándida Plata Ovallos - Gilberto Claro Carrascal y María Ester Claro Carrascal - Lucia Lozano - Argénida Sánchez - Candelario Franco y Anabertina Pallares - Antonio Pacheco Trigos y Sofía Claro Arenas - Evarista Claro de Velásquez - el sacerdote José Alcides Velázquez Claro (párroco por varios años en ese decenio) - Adolfo Claro Franco y Ubalda Carrascal - José Antonio Claro O. - Juan de Dios Claro O. - Juan Guillermo Claro O. y Dioselina Carrascal - Manuel Benjamín Claro O. y Úrsula Peñaranda Quintero - Luis Jesús Pérez Amaya y Silvia Arévalo Claro - Luis Pérez Arévalo - Nelson Pacheco Claro y Ligia Pérez Durán - Jesús Emiro Claro Torrado y Siria Jure - Aliro Claro y Cecilia Delgado - Marcos Claro Torrado y Nelcy García - Víctor Claro Torrado - Luis Carrascal y Elcida Torrado - Miguel Carrascal y Blanca Pacheco Claro - Hernán Franco Pallares y Alicia Pérez Claro - Gustavo Arévalo Carrascal y Dilia Carrascal - Víctor Ovallos Arenas y Olinta Franco Pallares - Manuel Antonio Claro Carrascal y Ester Claro Velásquez - Raúl Claro Carrascal - Leónidas Claro Velásquez y Nelcy Velásquez Claro - Jesús Emiro Claro Velázquez y Gilma Pérez - José Pacheco - Virgilio Álvarez y Zara Claro - Gerardo Álvarez y Betsabé Álvarez Claro - Candelario Franco y Ana Bertina Pallares. Cuatro personajes típicos de esos años - Vitar, la enamorada eterna de Tarsicio Rincón, alcalde municipal por varios años - "Tata" Gallardo, siempre atento para cualquier mandado - Eulalia Cañizares, sutil mujer que insinuaba acogida, por su debilidad física y mental, y Desiderio Parada, todo un personaje, que irradiaba alegría con su saludo cálido que adornaba con su voz cantarina, y quien con su burrito asistía con leña de arrayán, los fogones de algunas familias playeras.

Al revisar esta legión de coterráneos, la realidad nos genera cierta nostalgia, más aún al observar que ya para finales de los años cincuenta, muy tempranamente se dispara en cadena la diáspora hacia otras poblaciones y ciudades, y con ella, desafortunadamente, el distanciamiento pasmoso de un alto porcentaje de playeros. De aquellos que han persistido aferrados a su terruño, al 2016 solo quedan: Don Félix Pérez, quien con cierta lucidez, suma a la fecha 103 años, Manuel Antonio Claro, Jesús Emiro Claro, Elicenia Ojeda y Nelcy Velásquez. Desafortunadamente, ya a este siglo, y sumando un poco más de cincuenta años, La Playa de Belén registra muy pocos descendientes de aquella generación aquí consignada.

Otro referente tiene que ver con el alto número de sacerdotes playeros, de los cuales sumaban a finales de los cincuenta, nueve clérigos, de ellos cuatro frailes dominicos. Para esa misma década, solo se registra un profesional universitario, que corresponde al Ingeniero Hernando Pacheco Claro. A partir de los años sesenta se observa un giro, que marca el paradigma de la vida universitaria, con el ingreso de los hermanos médicos Omar y Luis Pacheco Claro. Y en Economía, Miguel Pacheco Claro, quien al poco tiempo da un vuelco y termina en el ejercicio sacerdotal.

En esa paradoja de pasar de los conventos a las universidades, acentúa la disminución progresiva de las vocaciones sacerdotales, y se incrementa la formación profesional en carreras liberales; y en consecuencia, se abre el capítulo de la incorporación de playeros a cargos del sector público y privado, en la esfera departamental y nacional.

Dando un giro de cierre, paso a evocar y evocar, con la mirada atrás, recordando aquella legión de mujeres bellas, que alegraban con donaire la ida a misa, las fiestas, los paseos y los encuentros familiares. Siluetas que en la reminiscencia aparecen y se van, desbordando sueños. Así como la sicosis de brujas y fantasmas que perturbaban los espíritus de algunos coterráneos. Las sombras de la noche que insinuaban espantos. El golpe del azadón, que picaba y removía la tierra para la siembra de la cebolla. Las jugarretas por las calles del pueblo. El cambio de las alpargatas por zapatos Grulla, o de otras marcas que fueron saliendo. La lectura de la mano, y la venta de amuletos para la buena suerte, cuando llegaban los gitanos. Los veranos, que obliga la consecución y trasporte del agua, que brotaba en algunos resumideros de las cañadas del entorno del casco urbano. El candor de las niñas con sus muñecas de trapo. El carrito y las pistolas elaboradas con retazos de madera. El juego del trompo en el parque o en cualquier calle del pueblo. La dicha de soltar y soltar piola, cuando se lograba coronaren las alturas, los artesanales barriletes. Las mojigatas y el cura, que infundían el temor al demonio, que en algo afectaban la tranquilidadde los menores. El tema del purgatorio y el infierno, que nos obligaba con frecuencia a reclinarnos ante el cura en el confesionario. Todas esas pasiones y turbaciones ya superadas con el correr del tiempo.