POESÍAS Y ALOCUCIONES
Por Monseñor Alejandrino Pérez Amaya

Prólogo
Por Guido Pérez Arévalo

Monseñor Alejandrino Pérez Amaya anda en sus ochenta y ocho años con una admirable fuerza vital. Actualmente, es el Delegado Episcopal para Causas de Partidas y Documentos, y Canciller en la Diócesis de Ocaña; Rector del histórico templo de El Dulce Nombre y Director del programa de la Legión de María , que se transmite semanalmente por Radio Catatumbo.

Nos hace las cuentas de los días, las semanas y los meses, que han llenado sus calendarios porque convierte cada instante en un reto para su misión de apóstol. Vive dentro de los rigores de la vida religiosa, como un voluntario de Cristo, siempre listo para la defensa de sus ideales.

En su inventario sacerdotal, se registra su paso por las parroquias de La Playa de Belén, El Carmen, Pivijay, Aguachica, Convención, Teorama, González, Río de Oro y Santa Marta. Construyó cinco templos, con sus casas curales y publicó tres semanarios eclesiásticos para complementar sus homilías dominicales. En Santa Marta, mientras fue párroco de la Catedral, circularon semanalmente tres mil ejemplares de la "Basílica", periódico fundado, dirigido y escrito por él; a través de Radio Magdalena, su voz se oyó en el programa de la Legión de María.

A su misión de apóstol le agregó, desde muy temprana edad, una vocación artística que lo ha llevado por los caminos de la música. Interpreta la flauta, el oboe y el armonio. En esta obra, aparece, como muestra de sus aptitudes, el himno al Colegio Emiliano Santiago, de Teorama, con música y letra de su inspiración.

Hace diez años, en septiembre de 1987, publicó "Poesías y breves alocuciones", en un sencillo volumen que sus familiares y amigos recibimos como un maravilloso legado de su encuentro con las musas.

Ahora vuelve cargado de versos sublimes, que reflejan su sensibilidad poética y nos regalan la expresión auténtica de su mundo interior. Y se complementan con la prosa fluida de algunas homilías que recuerdan su bien ganada fama de orador sagrado.

En la lectura de los poemas y las alocuciones, que componen esta obra, se observa que obedecen, generalmente, a una efeméride religiosa o a un acontecimiento de singular importancia en la vida de los miembros de su diócesis. La Ordenación o las Bodas de Plata Sacerdotales le han servido de instrumento para exaltar las virtudes de sus hermanos en Cristo. En cada uno de los eventos, al calor del paisaje grato de la integración, aparece como poeta de gala o interviene como orador invitado, con frases bien elaboradas, que rinden tributo a la fuerza literaria de su autor.

Es evidente el profundo carácter religioso de su poesía. Ese es su entorno natural, su propio mundo. Dios y María son sus banderas. Proclama al Creador, lo define; es devoto y descriptivo. Se entrega a El con la misma pasión de los grandes poetas místicos de la Iglesia. Lo sentimos cuando canta en sus versos la milagrosa aparición de Jesús Cautivo:

"Era Jesús el que a la tierra vino
para la lección de eterna vida darnos
era Jesús, mi Dios. El rey Divino
que murió en una cruz para salvarnos.

La evocación de la estampa de María Santísima convierte sus sentimientos en expresiones de amor:

Prudente, recatada, candorosa y pura
Tu figura es de aspecto angelical,
Tu guardas de la rosa la hermosura
Tus ojos son como estrellas de cristal.

Monseñor Alejandrino es austero en sus costumbres, discreto, y algunos opinan que de ceño adusto; pero quienes lo conocemos bien sabemos que detrás de su talante severo vibra un ser cálido, un sacerdote ejemplar, un hombre con signo cristiano.

Ha invertido bien su tiempo y le ha alcanzado para cumplir sus metas. Pero no se ha resignado con sus logros, que son muchos, porque conoce el precio del tiempo en los designios de Dios.

He procurado desprenderme del vínculo familiar, para expresar mis sencillos conceptos sobre la producción poética de Monseñor Alejandrino Pérez, pero no puedo dejar pasar la oportunidad para hacerle un reconocimiento de gratitud, por todo lo que él ha significado para los descendientes de Luis José Pérez y Valentina Amaya. Sé que con este tributo, interpreto los sentimientos de toda la familia y recojo una historia de bondades, afecto y conducción espiritual.

Guido Pérez Arévalo


MONSEÑOR ALEJANDRINO PÉREZ AMAYA

A la edad de 92 años, en la madrugada del 1º de julio de 2002, murió Monseñor Alejandrino Pérez Amaya. Cincuenta sacerdotes, encabezados por Monseñor Lozano Zafra, Obispo de la Diócesis de Ocaña, y numerosos familiares y amigos lo acompañaron hasta su última morada del Cementerio Central de Ocaña.

Era el último de los hermanos Pérez Amaya. Plácida, Luis Jesús, Leopoldina y Emelina lo habían precedido en su partida.

Oriundo de Hacarí, pasó sus primeros años de infancia en La Playa de Belén; posteriormente, siguió los pasos de su vocación sacerdotal.

Fue párroco en La Playa de Belén, El Carmen, Pivijay, Aguachica, Convención, Teorama, González, Río de Oro y Santa Marta. Construyó cinco templos con sus casas curales y publicó tres semanarios eclesiásticos. En Santa Marta, mientras fue párroco de la Catedral, circularon semanalmente tres mil ejemplares de "La Basílica", periódico fundado, dirigido y escrito por él. A su misión de apóstol, le agregó, desde muy temprana edad, una vocación artística que lo llevó por los caminos de la música. Interpretaba la flauta, el oboe y el armonio.

Estaba vinculado a la Diócesis de Ocaña, donde fue Delegado Episcopal para Causas de Partidas y Documentos, Canciller de la Diócesis, Rector del histórico templo del Dulce Nombre y Director del programa radial de la Legión de María.

Publicó dos libros de poemas y alocuciones sagradas. Era evidente el profundo carácter religioso de su poesía. Ese era su entorno natural, su propio mundo. Jesús y María eran sus banderas. Estaba considerado como uno de los mejores oradores sagrados de la Diócesis de Ocaña.

Monseñor Alejandrino fue austero en sus costumbres; discreto y, algunos opinan que de ceño adusto, pero quienes lo conocimos bien sabíamos que detrás de su talante severo vibraba un ser cálido, un sacerdote ejemplar, un hombre con signo cristiano.

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